UN PAISAJE LLENO DE VIDA
UNO DE LOS GRANDES BOSQUES MEDITERRÁNEOS DE EUROPA
El paisaje del Monte de El Pardo está marcado por su relieve y por las características del suelo. Predominan las colinas suaves y los terrenos arenosos, formados a partir de materiales procedentes de la erosión de las montañas de la Sierra de Guadarrama.
En las zonas más llanas se extienden las dehesas, mientras que las laderas más abruptas, con suelos pobres y fácilmente erosionables, están ocupadas por bosques y monte bajo. Junto al río Manzanares y sus afluentes, la presencia del agua y los sedimentos crea condiciones diferentes para la vegetación.
ENCINAR ADEHESADO. El paisaje más característico del Monte. Grandes encinas dispersas sobre extensos pastizales donde viven ciervos, gamos y numerosas aves.

Es el paisaje más característico del Monte de El Pardo. Las grandes encinas aparecen dispersas sobre amplios pastizales, formando una dehesa creada por la acción del ser humano hace siglos para favorecer la actividad cinegética. Hoy constituye un ecosistema de enorme valor ecológico donde conviven especies como el ciervo, el gamo, el conejo, el rabilargo o el lagarto ocelado. La encina, perfectamente adaptada al clima mediterráneo, es la gran protagonista de este paisaje.
¿Te has fijado?
Las hojas de la encina son pequeñas, duras y coriáceas. Gracias a esta adaptación pierden muy poca agua y pueden soportar los veranos secos y calurosos característicos del clima mediterráneo.
MONTE BAJO. Las zonas más densas y salvajes, donde encuentran refugio especies tan emblemáticas como el águila imperial o el búho real.

En las laderas más abruptas y en los terrenos de suelos pobres, la vegetación se vuelve mucho más densa. Encinas de pequeño porte, enebros, jaras, romero y cantueso forman un refugio ideal para numerosas especies. Entre ellas destacan el águila imperial ibérica, el buitre negro, el búho real o el esquivo gato montés, que encuentran aquí un hábitat tranquilo para alimentarse y reproducirse.
¿Te has fijado? En algunas laderas del Monte de El Pardo aparecen cárcavas, surcos profundos que el agua de lluvia excava en los terrenos más fácilmente erosionables. Son una muestra de cómo el agua también modela el paisaje.
BOSQUES MIXTOS.Encinas, quejigos, alcornoques y pinos conviven formando un mosaico de gran riqueza ecológica.

Aunque la encina domina gran parte del Monte de El Pardo, existen zonas donde convive con otras especies como el quejigo, el alcornoque o el pino piñonero. Esta diversidad vegetal enriquece el paisaje y favorece la presencia de numerosas especies animales, creando un mosaico de ambientes adaptados a diferentes condiciones de humedad, orientación y tipo de suelo.
¿Te has fijado? No todos los robles pierden la hoja al mismo tiempo. Mientras la encina permanece verde durante todo el año, el quejigo deja caer sus hojas en invierno, permitiendo que el bosque cambie de aspecto con las estaciones.
BOSQUES DE RIVERA. Los márgenes del río Manzanares y sus arroyos crean ambientes más húmedos donde crecen sauces, fresnos y chopos.

Junto a los ríos y arroyos el paisaje cambia completamente. La mayor humedad permite crecer a sauces, chopos y fresnos, creando bosques frescos que sirven de refugio a numerosas aves, mamíferos, reptiles y anfibios. Estos corredores naturales conectan distintos ecosistemas y desempeñan un papel esencial en la conservación de la biodiversidad del Monte de El Pardo.
¿Te has fijado? Muchos fresnos tienen un aspecto muy peculiar. Durante siglos fueron podados para obtener leña y alimentar al ganado, lo que les dio sus característicos troncos gruesos y copas formadas por numerosas ramas finas.